Retrocendiendo en el tiempo aproximadamente un mes, me rondaba una duda existencial de marcado carácter literario (es una frase que me salió ayer, porque sí, escribiendo un “mail”; y me dije: “¡anda!, ésta tengo que apuntarla"; y no, no la apunté, pero acaba de venirme ahora a la mente y, por si acaso se me olvide, la dejo por aquí en el blog). Lo que decía: una duda - existencial – de – marcado – carácter – literario: quería iniciarme en la lectura de Javier Marías y Paul Auster pero no sabía ni por quién empezar, ni qué obra escoger.
El primero me suscitaba interés porque tanto su prosa, como la forma de airearla y darle forma en sucesivas páginas, le encantaba a una profesora de Creación Literaria que tuve cuando estudiaba Periodismo, a pesar de que criticaba -en lo que a estilo o registro se refiere- a todo escritor que le venía a la mente. Sin embargo, siempre, y digo siempre, hablaba maravillas de Javier Marías. Y del segundo había escuchado mucho hablar pero nunca había sentido la inquietante necesidad de leer algo suyo. Pero en esos días, llegó el momento (a finde cuentas, por algún extraño e incomprensible pero a la vez supremo encanto, son los libros quienes te llaman; nunca llegan por casualidad a tu vida), después de oír a Cayetana Guillén Cuervo decir de Auster que "escribe como los ángeles".
Para encaminarme en la lectura de uno de estos dos autores, solicité, en un foro especializado, consejo sobre el que cada cual creyese, a su juicio, el mejor libro de Javier Marías o Paul Auster. O el que más les hubiese enamorado, entusiasmado, atraído o enloquecido. Me despedí estando “infinitamente agradecida”.
Mientras se sucedían las respuestas, decidí informarme sobre ambos literatos, sobre su vida, su trayectoria y sus logros. Por alguna otra extraña e incomprensible razón, me gusta saber qué hay detrás del hombre o la mujer que ha firmado el libro que tengo entre mis manos. Qué le ha llevado a escribirlo, en qué circunstancias, el por qué de ese título y no otro, cuánto tiempo invirtió, si vio recompensado su trabajo o no, qué comenta la crítica (aunque esto último me importa bien poco), etc. Pero aunque bucees por la red cual especie marina adaptada totalmente a su medio y conocedora de aquél, no encuentras lo que buscas. Sólo hallas lo que quieren darte. Premios, premios y más premios. O datos y datos que no te sirven para nada. O características de sus obras. Y fechas (¡odio las fechas!... de ahí que nunca se me haya dado bien estudiar Historia). Y yo me pregunto cuándo nos hablarán de persona a persona, de escritor a escritor. De tú a tú. De contarte cómo ha sido su vida, qué le llevó a empezar a escribir a los doce a los quince, cuáles eran sus inquietudes, de qué color era el futuro que vislumbraba entonces, qué realidad ha desenmascarado años después, qué aconseja a los que comenzamos, qué nos ruega que nunca, jamás, hagamos. Pero no. Sólo encuentras eso, lo que quieren darte. Y dentro de lo que he encontrado, prefiero contar únicamente lo que a mí me ha interesado.
De Paul Auster, quien recibiese en 2006 el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, se puede contar mucho y muy bueno, pero abreviaré. Su contacto con los libros fue bastante prematuro, gracias a la biblioteca de un tío suyo: empezó a escribir a los doce años (lejos de resultarme una barbaridad, me produjo ternura y me hizo acercarme más a él porque, de entrada, ya teníamos algo en común), antes incluso de descubrir el béisbol que tan presente se encuentra en sus novelas. El suspenso en el examen de ingreso le impidió trabajar en el cine, pero fiel a sus motivaciones, continuó escribiendo guiones para películas mudas que nunca se rodarían, pero que figurarían más tarde en “El libro de las ilusiones” (en 2003, “Premio al mejor libro del año del Gremio de Libreros de Madrid”).
Dicen de este señor que es, por excelencia, el escritor del azar y de la contingencia. Su estilo es aparentemente, y sólo aparentemente, sencillo, gracias a la habilidad que le regaló su amor por la poesía (comprender su estructura, su curso, su movimiento); pero nada más lejos de la realidad: sus escritos esconden una compleja arquitectura narrativa, compuesta de digresiones, de historias en la historia y de espejismos. Confiesa que Kafka y Beckett tuvieron, como escritores, un notable impacto sobre él: la influencia del segundo “fue tan grande que casi no puedo salir de ella”.

Javier Marías, por su parte, es uno de los pocos escritores que puede presumir de ser miembro de la Real Academia Española de la Lengua desde 2006 y de haber sido articulista del diario El País. Escribió su primera novela, “La Víspera”, con quince años, pero nunca ha llegado a publicarla. De su obra, destaca especialmente “Corazón tan blanco" puesto que tuvo un gran éxito tanto de público como de crítica, y significó su definitiva y verdadera consagración como escritor. A su siguiente novela, "Mañana en la batalla piensa en mí" (título tomado de un verso de Shakespeare, al igual que Corazón tan blanco), le llovieron los premios en Europa y América. Precisamente estas dos novelas, “Corazón tan blanco” y “Mañana en la batalla piensa en mí” han sido catalogadas, por muchos, entre los clásicos de la literatura castellana casi desde su publicación.
A nivel literario, algunos lo consideran poco español y extranjerizante. Otros, un tanto sobrevaluado. En cuanto a premios, muchísimos; no obstante, quiero destacar (después de embriagarme con las soporíferas menciones “premio nacional de”, “premio a”, “galardonado con”, “premio internazionale”) el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes, en 2003, por el artículo “El oficio de oír llover”.
Punto y aparte.
Volví al foro, días más tarde, y grata fue la sorpresa al comprobar el debate que mi pregunta había generado.
En los comentarios sobre Paul Auster, puedo anotar algunas conversaciones, todas y cada una de ellas pertenecientes a distintos usuarios:
“He leído Trilogía de Nueva York y me dejó indiferente”
"Leviatán está muy bien escrito y engancha"
"El país de las últimas cosas me impactó tanto que he sido incapaz de leer nada más de
este autor"
"Todos los libros son buenos, pero me quedo con El libro de las ilusiones”.
Y en cuanto a Javier Marías:
"De él puede leerse casi todo"
"Con Marías no te equivocarás escojas lo que escojas"
"Guardo buenos recuerdos de "Corazón tan blanco" y "Fiebre y lanza"
Pero la conversación que más me sorprendió, fue ésta:
“Paul Auster y Javier Marías, son dos escritores en palabras mayúsculas -esto es, literatura de la buena-, que nada tienen que ver con Paulo Coelho, que es pura comercialidad. Las novelas de Marías son muy densas y, por tanto, suponen un mayor esfuerzo a la hora de leer que las novelas de Auster, que resultan más llevaderas. Creo que "Mañana en la Batalla piensa en mí" y "Corazón tan blanco" son dos buenas opciones para el caso de Marías, como antes apuntaba una compañera. Y, con respecto a Auster, también son buenas opciones los libros antes apuntados por los compañeros, "Leviatán" y "El libro de los ilusiones”.
La avisté esta mañana y pasé a considerarla, en el momento de leerla por primera vez y en una posterior lectura, la mejor de todas las respuestas que he podido contemplar en un mes: clara, directa, concisa y con conocimiento de causa. Aunque, dicho sea de paso, su autor discrepe de mis gustos literarios, lanzando un arma bien afilada (aquello de “pura comercialidad”). Pero no importa, acepto tal discrepancia y me encanta.
Punto y aparte y seguido. Teniendo en cuenta las opciones, y resuelta parcialmente (siempre quedan resquicios; donde hubo fuego siempre quedarán cenizas) mi duda existencial de marcado carácter literario, comenzaré por “El libro de las ilusiones”, de Paul Auster, puesto que gana por mayoría y lo confirma un antiguo compañero de universidad con el que hablé ayer y de cuyo criterio me fío absolutamente.